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sábado, 5 de marzo de 2011

La despersonalización de la Política, el paso que nos falta dar



En nuestro país, como sucede en muchas otras partes más del mundo, nos encontramos ante una situación que se remonta a miles de años atrás si estudiamos la historia de la organización política de las sociedades, pero en la Argentina respectivamente, estamos ante un proceso de ultra personalización de la política en vez de lograr un paso evolutivo hacia lograr una mayor institucionalización de la misma.

La política y los personajes carismáticos han ido siempre de la mano en la construcción política que se ha dado en nuestra nación, y esto también tiene eco en nuestro pasado revolucionario, en nuestra organización estatal, y ampliando un poco el análisis, en nuestra sociedad en general.

Nuestro pasado caudillista, donde una persona de gran carisma y capacidad de organización era la responsable de reunir en torno a su causa no sólo lo que hoy llamaríamos “adherentes” o “simpatizantes” a sus principios e ideas, sino también un contingente militar que sepa defenderlos y luchar por ellos, ha tenido una huella de gran significancia en la conformación de los partidos políticos tradicionales en nuestro país, así como también en los procesos de transformación política y en los movimientos sociales y populares.

Desde aquellas guerras entre Federales y Unitarios, donde se estableció el camino a seguir para la conformación de un Estado Nacional unificado, pasando por la conformación de la Unión Cívica Radical con Leandro Alem y más tarde con uno de sus personajes más importantes Hipólito Irigoyen, el nacimiento y consolidación del Partido Justicialista con Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón, hasta las lamentables políticas neoliberales de los años 90, e incluso hasta las políticas de reinserción social, redistribución de la riqueza y reindustrialización de los últimos dos gobiernos nacionales desde el año 2003 por dar algunos ejemplos, hemos vivido transformaciones políticas y sociales de gran trascendencia pero que nunca han sido vistas ni estudiadas en profundidad sin referenciarnos directamente a “La” o “Las” personas que las llevaron a cabo. Esta explicación puede parecer demasiado simplista debido a los ejemplos elegidos, pero debido a la naturaleza de este artículo, debo de tener en cuenta que la extensión no sólo juega en contra del objetivo buscado, sino que tampoco es un artículo de historia.

Volviendo al tema original, como mencioné anteriormente, la construcción política en nuestro país siempre se referencia en la persona que conduce o representa determinado sector político. Hoy en día no hablamos de Proyecto Sur sin hablar de Pino Solanas, del Frente para la Victoria sin mencionar a Néstor Kirchner o a Cristina Fernández de Kirchner, del PRO sin hablar de Macri, del “peronismo” de los 90 sin tener como referente a Menem. Esto tampoco es ninguna novedad como dije, pero también se relaciona con la naturaleza de nuestra sociedad en lo que a conducta política respecta. Como ciudadanos, no nos caracterizamos por ser una comunidad informada a la hora de elegir nuestros representantes, sino que el “encanto”, el carácter o muchas veces la apariencia del candidato terminan siendo más significativos a la hora de sumar votos para su causa que sus propuestas de gobierno o su plataforma política. Esta declaración puede parecer un tanto agresiva, pero no por eso deja de ser cierta. La Argentina no es el único país donde esto sucede, pero debemos de tener en cuenta que mientras más sigamos aferrándonos (consciente o inconscientemente) a este tipo de situaciones, mayor será nuestra dificultad para poder madurar políticamente.

Pero algunos de ustedes se preguntarán tal vez ¿Por qué es esto un problema?, ¿Cuál es la necesidad de separar los proyectos políticos de una persona y lograr que estos se institucionalicen? Estas preguntas tienen respuestas que nuestra propia historia y la historia mundial pueden responder sin tener que hacer un análisis exhaustivo de las mismas. En un principio, al mismo tiempo que referenciamos un proyecto político a una persona, éste corre el riesgo de tener la misma calificación subjetiva que deriva de la persona que lo lleva a cabo. De esta manera, sin importar qué es lo que el proyecto político en sí representa, podemos defenestrarlo o ensalzarlo tan sólo por cómo es o nos parece ser la persona a la cual lo referenciamos. Consideren esto por un momento, porque esto no es algo que solamente haya ocurrido en nuestro país, sino que algunas de las peores atrocidades de la humanidad han tenido lugar gracias a este pequeño concepto. Miles y millones de personas han sido “enamoradas”, guiadas y convencidas por figuras políticas que han destruido no solo sus estados con políticas deplorables de entrega total, sino que los mayores crímenes contra la humanidad también han tenido estas características.

Otro motivo por el cual el despersonalizar la política es totalmente necesario para nuestro país, se encuentra en nuestra casi nula capacidad de establecer políticas estatales a largo plazo que direccionen a la Argentina en un camino sin cortes abruptos ni retrocesos innecesarios. Esta cuestión está muy relacionada con lo que expliqué anteriormente; atando un proyecto político o un proyecto de país a una personalidad determinada, estamos sujetos a que los cambios de gobierno, sobre todo cuando el color político de la presidencia también cambia, se haga lo que en la Argentina es más que común, un “borrón y cuenta nueva”. Obviamente esta situación no se explica solamente por la referenciación del proyecto a una persona, pero sí tiene un aspecto más que relevante a la hora de realizarlo. Nuestros dirigentes incontables veces han omitido lo que sus predecesores han hecho y a veces hasta lo han tratado de destruir sistemáticamente de acuerdo a sus intereses personales o de grupo, sin considerar las buenas políticas que deberían de trascender los cambios gubernamentales para instituirse en políticas estatales que marquen una senda hacia una verdadera inserción social de todos los argentinos, y un proyecto de país que reivindique su soberanía tanto política como económica en favor de su pueblo.

Es hora de que como pueblo, empecemos a analizar las propuestas, proyectos y discursos de nuestros dirigentes como así también de los candidatos que en un futuro nos representarán. Es hora de que nosotros mismos empecemos a debatir sobre estas cuestiones que muchas veces nos parecen ajenas. Debemos de estar informados a la hora de elegir a quién o quienes decidirán nuestro futuro, debemos saber qué es lo que piensan o quieren hacer. Sin este salto cualitativo en nuestra sociedad correremos el riesgo de ser engañados con “espejitos de colores” que desvíen nuestra atención de lo que nuestros gobernantes puedan llegar a hacer.



Ignacio Spontón Costa

viernes, 4 de marzo de 2011

Apostar a los jóvenes, discurso y realidad

La participación política de los jóvenes ha sido, sin lugar a dudas en la Argentina, una de las variables que más se ha repetido y que más ha sido buscada en los verdaderos cambios políticos que se han realizado a nivel nacional, y que han entablado nuevos rumbos progresistas y reformistas a nivel latinoamericano

















Desde la creación de los partidos de cuadros técnicos a los partidos de masas, la juventud siempre tuvo un papel preponderante a la hora de formar el sector vanguardista interno, que de una u otra forma expresaba y expresa en la actualidad, las actitudes de reconocimiento de valores y principios ideológicos por sobre el pragmatismo básico, direccionando de este modo el rumbo político a seguir, hasta a veces sin la venia de la dirigencia de turno. Como es común a todo concepto que tiende a generalizar un aspecto compartido, no siempre ha sido éste el caso, en lo que concierne a los rumbos progresistas que se puedan tomar, sobre todo si cometemos el error clásico de tomar conceptos actuales y trasladarlos directamente a los distintos segmentos de nuestra historia sin considerar su contexto idiosincrático y temporal.

Considerando la Generación del 37, la Generación del 80, la creación del Partido Socialista, de la UCR, y de la ideología anarquista que se dieron lugar en el siglo XIX, donde además de las obvias diferencias ideológicas y políticas que podamos llegar a tener con cada uno de estos ejemplos, no podemos omitir la impronta reformista que los ha revestido, y sobre todo el asentamiento en la franja etaria de la juventud que han tenido en su tiempo, principalmente desde el ámbito intelectual y universitario en esas épocas.

En la segunda mitad del siglo XX es donde vemos como la actitud y el accionar político de la juventud deja de lado su historia meramente reformista para instaurarse en un movimiento verdaderamente revolucionario y progresista como lo fue el nacimiento y la creación del justicialismo encabezado por Juan Domingo Perón , el cual incluye dentro de la construcción política del día a día a todos los sectores de la sociedad en lo que llamó “La Comunidad Organizada” , y que por medio de las medidas y políticas que abordó, supo incluir el factor de compromiso social, de defensa de los valores, principios y posturas, y la inquebrantable voluntad y fuerza que los jóvenes poseen por naturaleza (y que algunos aún no han sabido explotar).

Pero es en la resistencia, en la defensa con el cuerpo y alma , donde el sentimiento de la juventud supo como crecer y alcanzar la inmortalidad. Fue en la época de la proscripción, de los gobiernos de facto, en la época de las mayores injusticias, en la época de los genocidios, en la carnicería diaria que llevaban a cabo los traidores a la patria, donde los jóvenes le demostraron al mundo, que sus ideas, sus principios, sus valores, su Argentina, valían tanto como su vida, y que con ella (su vida) harían valer sus posturas, no solo en la participación, sino también en la lucha, no solo en el hablar, sino también en el hacer, no en el rendirse a lo inevitable, sino a prevalecer en lo imposible .

Desde la vuelta a la democracia, incontables fueron los discursos que aseveraban la importancia de la juventud, mientras la denigraban, mientras le quitaban los medios que tenían para educarse, para participar en la vida política, para vivir. Tratando de frivolizarla, de que se atengan solamente a las cuestiones superfluas de la vida, a que se comporten en su corta edad, alejados del compromiso social abordado por las generaciones que les precedieron. ¿Por qué?, porque no era conveniente, no entraba dentro de su proyecto individualizador y despolitizante la actitud guerrera, principista y revolucionaria que los caracteriza.

Desde el 2003, pero principalmente desde el 2007, la juventud vio en lo que antes era siempre el chivo expiatorio de todas las críticas al sistema (la figura presidencial y el gobierno de turno), como su forma de pensar, de expresarse, de actuar, se estaba llevando a cabo desde una estructura de poder. Los jóvenes vieron a Néstor Kirchner y a Cristina Fernández de Kirchner romper los lazos de dependencia humillante para con los poderes internacionales, cambiar y oponerse al status quo establecido tradicionalmente en nuestro país por décadas, renovar el verdadero nacionalismo y enorgullecer a los ciudadanos de ser argentinos, incluir a la sociedad en su conjunto a un proyecto de país nacional y popular con un compromiso social de hechos y no de palabras. Todo esto, que también fueron las cuestiones por las que en la mitad del siglo XX la juventud pasó a ser revolucionaria y progresista a nivel político, despertó nuevamente esa chispa inmortal que nuestros compañeros y compatriotas desaparecidos dejaron en nosotros para que continuemos su lucha.

El kirchnerismo, le dio a la juventud un ámbito en el cual fueron escuchados, pero no solamente escuchados, sino que los hicieron participes de las transformaciones sociales de la realidad que llevaban a cabo.

Santa Fe este año es el vivo ejemplo de esto, por primera vez en la historia de nuestro país, un dirigente político como es Agustín Rossi les ha brindado la oportunidad a los jóvenes para que sean verdaderos protagonistas del cambio que ellos querían realizar, y se ha conformado una lista a diputados provinciales hecha de pies a cabeza con candidatos jóvenes, con un promedio de edad de 28 años. No solamente fueron tenidos en cuenta el factor de la edad y de la militancia política en la disposición de los lugares en la lista “Jóvenes para la Victoria” , sino que también se ven representados en la misma distintos sectores de la sociedad que han sido excluidos de la vida política constantemente como lo son los pueblos originarios, organizaciones por la identidad sexual, organizaciones de defensa de los derechos humanos y más.

En fin, la oportunidad para que los jóvenes sean verdaderamente protagonistas en la política santafesina está más presente que nunca, ahora le toca el turno a la sociedad en decidir por medio del voto, si ésta renovación de caras y principios, valores y proyectos, de sangre joven e ideas frescas, es lo que necesita y quiere para los años venideros.

Ignacio Sponton
ignaciosponton@hotmail.com